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Las cosas de palacio.

La Iglesia no puede hacer lo que quiera en el Palacio Episcopal. Sentemos esta premisa antes de que nos echen encima a los del grupo de «Whats App» que se llama, si no recuerdo mal, «Activistas». Esto del urbanismo tiene normas -habitualmente encanalladas- y gente que las aplica. Y, nos gusten o no, son de obligado cumplimiento. Urbanismo, por el mismo razonamiento, no puede hacer lo que quiera con la Iglesia. Ni en el Palacio Episcopal ni en ningún sitio. Como no puede hacerlo con propietario alguno. Las mismas normas que vinculan al Obispado de Córdoba son las que obligan al Ayuntamiento de la capital a actuar de una determinada manera. Es decir, ciñéndose a lo que se postula en el planeamiento vigente, en las leyes y los usos y costumbres. En concreto, en el Plan Especial de Protección y Catálogo del Casco Histórico, que es de lo que se está hablando en el particular que nos ha ocupado en los últimos días.


El debate sobre la propiedad de la Mezquita ha encanallado muchas cosas. Una de ellas es la relación entre una parte del arco político municipal y la Iglesia Católica. Cada vez que hay un alzacuellos por medio, cada vez que llega el olor a incienso, los pelillos se le ponen de punta a algunos. «¡Que salgan ya los defensores de la carrera oficial que parece que me la he llevado yo!», decía el viernes teniente de alcalde de Presidencia, el socialista Emilio Aumente, bastante harto de que le den día y noche por la organización del recorrido común que se saldó el pasado año sin los gravísimos incidentes que algunos auguraron.
Y es en esas donde se entiende el bloqueo del Palacio Episcopal que, según Urbanismo, no existe. Igual hay quien tiene mejor memoria, pero en lo que llevo escribiendo de estas cosas nunca vi un proyecto autorizado por la Consejería de Cultura que se encontrase con tantos problemas en la Gerencia de Urbanismo que solamente tiene que dar la licencia, que -recuérdese- es un acto reglado. La Gerencia puede señalar la escalera, el rodapié o el cáncamo si quiere pero empecemos a hablar claro. Lo que no quieren en el cuartel de Artillería es facilitar lo que se ha criticado públicamente como una operación de propaganda de la Iglesia sobre la Mezquita por medio de la habilitación de un centro de atención a turistas. No quieren ser en IU quienes pongan su firma en la licencia de esa casa.
En los tiempos donde las entradas se compran con el móvil, se propagó la tesis hace meses de que la habilitación de taquillas para la Mezquita en un equipamiento adyacente es, en realidad, una oscura maniobra de los malvados curas para lavarle la cabeza al personal. Concretamente, el peligroso plan, tipo Spectra, pasa por hacer olvidar al personal el pasado musulmán del monumento, objetivo tan pretencioso como inútil. Si ya de paso se pueden convertir infieles a la fe verdadera y hacer pasar por la vicaría a las parejas que tengan coyunda por lo civil pues, oiga, miel sobre hojuelas. La conclusión lógica es que una Gerencia de Urbanismo que sea laica nivel top tiene que poner todos los problemas posibles para que ese ladrillo no se ponga, ese vidrio no se coloque y, sobre todo, este obispo no pueda colocarse la medalla de que está modernizando la atención a los visitantes mediante la creación de lo que muchos centros culturales ya tienen: un edificio cercano o anexo que permita tratar a las visitas como está mandado. Habida cuenta, además, de que la municipalidad ha sido incapaz hasta el momento de darle al Centro de Recepción de Visitantes oficial el papel de promoción turística que le corresponde por lo que costó esa cosa tan fea.
En condiciones normales, y dado que la Junta de Andalucía ya se ha reservado la última palabra en cuanto a la «lectura» del monumento, lo normal es que cualquier gobierno municipal estaría encantado de que el principal centro patrimonial de Córdoba mejore sus instalaciones de atención a 1,8 millones de visitantes sin que le cueste un real al erario público. También en condiciones normales, no se haría una formulación del Plan del Casco Histórico que fuese del gusto del poder local sino una traducción exacta de lo que la Gerencia de Urbanismo, gobernada por IU, prescribió para el Palacio Episcopal. Pero este gobierno municipal, tan dado a la interpretación creativa de las cosas, parece, en muchas ocasiones, de todo menos normal.