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Manuel Ramos cataloga las casas señoriales y guía por su patrimonio

Ocultas del mundo, casi siempre sin fachadas ostentosas, austeras por fuera, las casas señoriales de Córdoba han vivido secularmente de forma discreta. En su interior se podían acumular fustes de mármol viejo y capiteles califales, baños árabes y yeserías mudéjares, pero a veces el paseante se tenía que dejar llevar por pequeñas pistas, como cipreses muy altos ante una tapia encalada, para adivinar que tras el muro se escondía un tesoro para vivir. Manuel Ramos Gil, notario y director de la Casa de las Cabezas, había mirado muchas veces con esta curiosidad estos edificios y ahora se ha decidido a estudiarlos y conocerlos a fondo.


El resultado es «Casas Señoriales de Córdoba», un lujoso libro que ha editado la Diputación Provincial con abundantes fotografías actuales y pasadas y cuyo primer volumen se presentará mañana. Manuel Ramos cuenta que su propósito con esta obra ha sido el de dar a conocer el patrimonio y la historia de la ciudad a través de sus residencias. Cómo los barrios, además de residencias populares, tenían también casas que tenían importancia estratégica y de poder, porque los reyes ponían en ellas a los señores o nobles en los que confiaban para la defensa de la ciudad. «Por eso los condes de Torres Cabrera estaban junto a la Puerta de Osario», dice. En primer lugar realiza un recorrido por la historia de la casa en Córdoba y se detiene especialmente en el concepto que tuvieron los árabes, heredado de los romanos, aunque con rasgos propios. El principal, la privacidad. Las casas son cerradas, con puertas pequeñas, y muchas veces quien accede tiene que dar varios giros hasta llegar a la zona principal. Al llegar los cristianos se incorporan los establos para los caballos en algunas de las dependencias de las casas, pero persiste la privacidad. «Algo que no he visto en otros lugares es la vida en el patio. El recinto está para que entre la luz, pero en Córdoba es el sitio donde se hace vida», relata el autor del libro. Yen ningún otro sitio se tiene un material de acarreo tan lujoso, con columnas y capiteles que se encontraron en Medina Azahara o en casas árabes.
Escudos de las familias Luego el libro se detiene en los muchos ejemplos de casas que se comenzaron a construir en Córdoba tras la conquista por Fernando III el Santo. Las reunidas en este volumen son casi siempre de estilo gótico-mudéjar, al menos en su construcción. Manuel Ramos Gil ha hecho un gran esfuerzo por reunir su historia, hablar de las familias que las habitaron y de la importancia que tuvieron en su época. En la muy cuidada edición figuran incluso los escudos de cada familia y capitulares inspiradas en miniaturas de los códices medievales. El libro abre entonces la puerta de tesoros de la arquitectura y el patrimonio. Sí están abiertos, con otro usos, la Casa de las Campanas (propiedad de los Amigos de los Patios) y su vecina, la Casa de los Caballeros de Santiago, en que hoy está el colegio del mismo nombre, con bellas yeserías de la época mudéjar. Por el libro pasa también la casa de los Aguayos, hoy colegio de las Francesas; la de los Cárdenas, donde ahora se alza el restaurante El Bandonlero, y la del Duque de Medina Sidonia, que sigue en pie con muchos de sus elementos originales y que ahora se conoce como Casa del Judío. En la de los Hoces está el Archivo Municipal y en la de los Venegas la Casa Árabe. Espectacular es también la del Marqués del Carpio, que se abre a la calle Cabezas, pero cuya parte más espectacular va a la calle de la Feria. La Casa de las Cabezas es otro ejemplo. Hubo algunas que fueron para conventos, y ahora están allí Santa Marta, las Capuchinas y Regina, con valiosos elementos y los escudos de las faitilias que entregaron los solares. Manuel Ramos ha catalogado estas «casas principales» en una obra que además servirá para conocer los elementos que hay en ellas y conseguir que sus futuros propietarios se den cuenta de su valor y lo preserven.