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Una muestra redefine el estatus de Del Castillo en la pintura del XVII

La apreciación de la obra de Antonio del Castillo ha estado históricamente marcada por el estigma de lo localista, por un enfoque reduccionista que, centrado en la coordenada cordobesa, no se ha esforzado por contextualizarlo en la escena pictórica europea de su época. La exposición inaugurada ayer en Vimcorsa, culminación de un trabajo de décadas realizado por sus dos comisarios, Fuensanta García de la Torre y Benito Navarrete, y por las hispanistas norteamericanas Mindy Nancarrow y Priscila Muller, rebate esa postura y propone nuevos códigos y claves para la lectura de la obra del cordobés en su relación con la pintura de su siglo, el XVII. Y apuesta decididamente por reforzar su dimensión en el ámbito de la tradición naturalista, en la línea del análisis que realizó William Stirling de su Adoración de los pastores de la Colección Real, perteneciente al Museo del Prado, depositada en el Museo de Málaga y que puede contemplarse en Vimcorsa hasta el 28 de febrero junto a otras 43 obras de Del Castillo y coetáneos como Valdés Leal, Abraham Bloemaert, Juan Luis Zambrano o Sebastián Martínez.


Entre la reivindicación, la propuesta, la indagación y el hallazgo, la muestra, titulada Antonio del Castillo en la senda del naturalismo, despliega un discurso dividido en cinco epígrafes y constituye la última gran actividad de la celebración del cuarto centenario del nacimiento del pintor, cuyo programa ha sido elaborado gracias a la colaboración entre la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento, la Diputación, la Universidad de Córdoba, la Universidad Nacional de Educación a Distancia, la Diócesis de Córdoba y la Fundación Cajasur.
Un proyecto que arrancó el pasado enero, cuando García de la Torre y Navarrete recibieron el encargo. En su intervención en el acto inaugural, en el que estuvieron presentes la alcaldesa, Isabel Ambrosio, y la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Rosa Aguilar, la comisaria reconoció la labor desarrollada por Nancarrow y Muller, cuyo testigo fue recogido por ella y Navarrete, autores de trabajos decisivos como el catálogo razonado de los dibujos de Del Castillo. El conocimiento adquirido en el prolongado proceso de estudio se plasma ahora en una exposición que "analiza de forma transversal" la pintura del artista barroco, "intentando dar las claves de su obra a la luz de esa tradición naturalista, enmarcándola dentro de la corriente pictórica del realismo aunque sea un testimonio tardío de esta senda, como producto propio de un movimiento que unió a artistas de Flandes, Italia y España". Del Castillo "se integra por derecho propio" en esa vía, "formando parte de esa tradición de artista español que capta lo que le rodea con una personalísima interpretación" y es capaz de "culminar el trasvase de esas sensaciones a lienzos o dibujos".
El Museo del Prado, la Biblioteca Nacional, el Museo de Bellas Artes de Sevilla, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Ayuntamiento de Córdoba, el Palacio de Viana y la Fundación Ibercaja son algunas de las instituciones que han prestado obras a la exposición, además de diversos coleccionistas privados.
La evidente filiación cordobesa de su propuesta artística es un aspecto que ha acompañado a Del Castillo desde primera hora. Lo subraya inicialmente Antonio Palomino, que fue su discípulo y biógrafo. A partir de entonces la historiografía desarrolla sobre el pintor un discurso empequeñecedor. Pero el análisis, ya en clave contemporánea, de su proceso creativo y sus fuentes grabadas lo sitúan, destacan los comisarios, en el lugar que le corresponde, como un pintor que maneja con pericia las fuentes flamencas, sobre todo las composiciones de Abraham Bloemaert, y demuestra una capacidad narrativa y una calidad de lenguaje que lo proyectan hacia un espacio relevante en el mapa artístico de su tiempo. Prolífico dibujante, fue uno de los grandes paisajistas españoles del XVII.
Metáforas del silencio, De lo corpóreo a lo monumental: pintura versus escultura, Las adoraciones de los pastores como pretexto de lo real, Imagen sagrada y devocióny Retóricas narrativas son las cinco secciones de una exposición que ayudará, según la consejera, a que el público "conozca más y mejor" a Del Castillo. Este ha sido el objetivo general de los actos del cuarto centenario, y para ello, señaló Aguilar, había que "ahondar en todas sus facetas" a partir del despliegue de "una mirada integral sobre su legado". La responsable considera que las actividades programadas han estado marcadas por "el rigor, la responsabilidad y la excelencia" y han permitido "recorrer Córdoba bajo la mirada de un hombre que participó en todos los saberes de su tiempo".
Ambrosio indicó que esta exposición supone "un paso más" en el proceso de redescubrimiento de un artista al que se le hace "justicia" como "figura capital de la pintura española". "Posiblemente la grandeza de sus contemporáneos haya podido eclipsar el brillo de esta indiscutible figura, y quizás por eso el programa de este cuarto centenario es más oportuno que nunca, para generalizar entre la sociedad cordobesa el hecho de que Antonio del Castillo fue una de las personalidades artísticas más ricas y diversas de la Córdoba del siglo XVII", añadió la alcaldesa.
Desde el 25 de octubre, por otra parte, permanece abierta la exposición Antonio del Castillo en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, que recoge los fondos que la institución atesora del pintor. Visitable hasta finales de febrero, mes hasta el cual puede realizarse el itinerario Antonio del Castillo en la ciudad de Córdoba, integrado por 35 obras en distintos espacios, entre ellos la Mezquita-Catedral.