Get Adobe Flash player

Córdoba cristiana

 

 

Fernando III

 

En 1235, durante el reinado de Fernando III, rey de Castilla, comenzó a fraguarse la conquista de la ciudad de Córdoba, pues varios caballeros de Andújar capturaron un grupo de musulmanes, quienes les informaron de que las murallas de la ciudad de Córdoba no se hallaban bien vigiladas y de que sería fácil apoderarse de la ciudad y de la Ajarquía por sorpresa. Por ello, los habitantes de Andújar comunicaron su plan a Álvaro Pérez de Castro "el Castellano", señor de la Casa de Castro, que se encontraba en Martos, al tiempo que los soldados cristianos decididos a apoderarse de Córdoba, aprovechando una noche oscura y de mal tiempo, probablemente a finales de diciembre de 1235, situaron sus escalas al pie de las murallas de Córdoba y eligieron de entre ellos a los que mejor hablaban árabe y los vistieron como musulmanes, y de ese modo consiguieron apoderarse, sin alertar a los cordobeses, de las torres que había hasta la Puerta de Martos y, al amanecer, los cristianos eran ya dueños de las torres, del muro y de la puerta de Martos, que abrieron a fin de dar paso a la caballería cristiana, que aguardaba fuera de la ciudad, lo que provocó la huida de la población musulmana de la Ajarquía, que intentó refugiarse en la zona de la villa, al tiempo que los cristianos, en espera de refuerzos, comenzaron a atrincherarse, pues su inferioridad numérica era patente, al tiempo que enviaban mensajeros con el fin de ser socorridos en la empresa, siendo enviado un mensajero a Álvaro Pérez de Castro "el Castellano", que se hallaba en Martos, y otro a Fernando III.

 

 

 

 

El primer socorro recibido por los cristianos que intentaban apoderarse de Córdoba fue el proporcionado por un mesnadero del rey, llamado Ordoño Álvarez, al tiempo que acudía junto con sus tropas Álvaro Pérez de Castro "el Castellano". Por su parte, el obispo de Baeza, Fray Domingo de Baeza, puso rumbo hacia Córdoba con sus tropas, y el obispo de Cuenca hizo lo propio con su mesnada. El 7 de febrero de 1236 llegó a Córdoba el rey Fernando III, que había tenido noticias de lo que acontecía en Córdoba mientras se hallaba en la localidad zamorana de Benavente y, rápidamente, se puso en marcha hacia Córdoba con los caballeros que le acompañaban, al tiempo que cursaba órdenes para que los magnates, concejos, prelados y Maestres de las Órdenes Militares reuniesen sus huestes y se dirigiesen a Córdoba, a fin de socorrer a los cristianos que se hallaban sitiados en la Ajarquía.

 

 

 

 

Finalmente, después de un asedio de varios meses y perdidas las esperanzas de recibir ayuda, los cordobeses rindieron la ciudad a Fernando III, con la condición de respetar la vida de la población, que no debería ser atacada mientras abandonaba el territorio. Las tropas de Fernando III hicieron su entrada en la ciudad de Córdoba el día 29 de junio de 1236 y, mientras tanto, se enviaron mensajeron por todo el reino de Castilla a fin de que acudiesen cristianos con los que poder poblar la ciudad, pero, según relatan las crónicas de la época:

 

"...que luego las gentes, oydo el pregón desta çibdad, de todas las partes d´España pobladores a morar e poblar, e corrieron allí, así commo dize la estoria, commo a bodas de rrey. E tantos eran los que viníen que fallesçieron casas a los pobladores e non pobladores, ca más eran los moradores que non las casas…E la çibdat de Córdoua afortalada de moradores e de omnes de armas e puesta en rrecabdo de cómo se mantouiese, el rrey don Ferrando tornóse bienandante e onrrado a Toledo."

 

 

Desde que la ciudad fue conquistada numerosas localidades fueron conquistadas por los castellanos, mientras que otras les abrieron sus puertas, al tiempo que los cristianos organizaban expediciones de saqueo y devastación en la Andalucía musulmana.[4] Parte de las antiguas fincas romanas fueron repartidas entre los nobles que colaboraron en la toma de la ciudad, procedentes de Burgos, León, Navarra, Talavera y Toledo.


 

Iglesia de San Nicolás de Villa

 

Durante el reinado de Fernando III de Castilla, se comenzaron a construirse nuevas iglesias (algunas de ellas sobre antiguas iglesias destruidas por los musulmanes), hasta alcanzar el número de catorce, las actualmente conocidas como iglesias fernandinas. Siete de estas iglesias estaban localizadas en la villa (Santa María, San Nicolás de la Villa, San Juan, Omnium Sanctorum, San Miguel, San Salvador y Santo Domingo de Silos) y siete en la Ajerquía (San Nicolás de la Ajerquía, Santiago, Santa Marina, San Pedro, San Andrés, San Lorenzo y la Magdalena). Éstas se caracterizan por su transición del románico monacal, al gótico castellanizado, y en las mismas se pueden apreciar una sólida fábrica, artesonados mudéjares y arcos de nervadura en ojiva. La ciudad se dividió en 14 collaciones (barrios), de acuerdo al Fuero de Córdoba, otorgado en 1241 y coincidentes con esas 14 iglesias. De éstas permanecen hoy en día las iglesias de la Magdalena, San Lorenzo, San Pablo de Córdoba, San Pedro de Alcántara, San Francisco y San Eulogio de la Ajerquía, Santiago, San Andrés, San Nicolás de la Villa, San Miguel, San Agustín y la capilla de San Bartolomé. Así mismo, junto al obismo de Osma, consagró la antigua mezquita a la Asunción y ordenó la construcción de la capilla de Villaviciosa en 1257 en la a partir de dicho momento catedral.

 

 

 

 

Iglesia de Santa Marina

 

Miguel Díaz de Sandoval, siguiendo órdenes del rey Alfonso X fundó en 1262 el convento de Santa Clara, sobre una mezquita edificada a su vez sobre la antigua basílica visigótica de Santa Clara.
En el año 1278, durante una epidemia de peste, el fraile mercedario Simón de Sousa afirmó que se le había aparecido el Arcángel San Rafael en el convento Casa Grande de la Merded y le había curado. El fraile comunicó la noticia al obispo diciéndole que éste le había pedido que si quería que la peste acabase debía colocar una estatua del Arcángel en la Catedral, estatua que sigue en dicho lugar a día de hoy. De este suceso se derivó el considerar al Arcángel como custudio de la ciudad. Posteriormente, en 1578 el padre Andrés de las Roelas, también afirmó que se le había aparecido el Arcángel, curándole de una enfermedad, y diciéndole éste que tenía como misión ser custodio de la ciudad e indicándole el paradero de los restos de los patronos de la ciudad, San Acisclo y Santa Victoria bajo la iglesia de San Pedro donde actualmente se encuentran.

 

 

 

 

 

En el año 1315, durante el reinado de Alfonso XI, se edificó la actual sinagoga, bajo la leyenda, que hoy en día se puede seguir observando de "Santuario en miniatura y morada del Testimonio (o Ley) que terminó Ishap Moheb, hijo del señor Efrein Wadowa el año setenta y cinco. ¡Asimismo vuélvete, oh Dios, y apresúrate a reconstruir Jerusalén!".
En 1328, bajo el reinado y la dirección del mismo rey se acometió la reconstrucción del actualmente conocido como Alcázar de los Reyes Cristianos, convirtiéndose en la residencia real en Córdoba, produciéndose el acondicionamiento de unos baños y la construcción de diversas estancias interiores. Enrique IV lo amplía convirtiéndolo en palacio, añadiéndole patios, jardines y baños.
También, durante el reinado de dicho rey se inició la construcción de la Real Colegiata de San Hipólito, para conmemorar la victoria sobre los benimerines en la Batalla del Río Salado, que no se llegó a terminar hasta el siglo XVIII, y donde actualmente se encuentran enterrados dicho rey y, su padre, Fernando IV.

 

Enrique II de Castilla mandó edificar en 1369 la Torre de la Calahorra en el extremo sur del puente romano para defenderse de un probable ataque de su hermano Pedro I de Castilla. Dicha decisión la tomó tras la batalla del campo de la verdad, en la que se enfrentó con su hermano. La defensa original había sido levantada por el emperador Octavio Augusto aunque a dicha fecha se encontraba en ruinas. También ordenó la edificación de la Capilla Real o de San Fernando dentro de la mezquita-catedral.

 

En 1408 se terminó de edificar la Torre de la Malmuerta, por orden del rey Enrique III. Según la leyenda el nombre de Malmuerta viene dado por el asesinato que llevó a cabo un caballero ascendiente de los marqueses Villaseca, sobre su mujer, a la que había juzgado culpable de adulterio, sin que fuese cierto. Al darse cuenta de su error, suplicó su perdón al rey, siendo condenado a levantar esta torre expiatoria, en recuerdo de la noble dama que, por sucumbir sin culpa, había sido mal muerta.

 

El Alcázar de los Reyes Cristianos, fue centro de mando para la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos que se establecieron en ella en 1478, con lo que la corte estuvo varios años en la ciudad. Durante este periodo acabaron con las pugnas feudales y nació María, una de las hijas de los Reyes Católicos. También en ese tiempo Cristóbal Colón, conoció a la cordobesa Beatriz Enríquez de Arana, con la que nunca se casó, pero que fue madre de su segundo hijo, Fernando Colón. Cuando el almirante partió en 1492, envió a Córdoba también a su hijo Diego, para que le esperara junto a su hermano Fernando y su "madre adoptiva" Beatriz.
De esta época también sobresale la figura de Gonzalo Fernández de Córdoba el "Gran Capitán".

 

 

Luis Recio

Restaurante Bandolero